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Un hospital en las alturas.

5 comentarios

Una reflexión sobre la enfermedad mental, pobreza y un documental.

La verdad, es que si tuviera que resumir en una frase la experiencia en Bolivia (en 2012), diría que ha sido una experiencia tridimensional: la pobreza, la enfermedad mental y la diferencia cultural. Tres experiencias en una, como el aceite más vendido en el mundo. La pobreza, en sí misma como concepto, define una realidad que afecta de manera completamente transversal a todo lo demás. Es decir, la enfermedad, la cultura, el modo de vida, las costumbres, la sanidad, la educación, a todo trasciende y todo lo toca cuando está presente. La pobreza es simplemente carencia. Por lo demás, los seres humanos somos éso, seres humanos. Y nuestras diferencias, son sólo diferencias al expresar en lo que somos iguales.

Muestra de ello, es en particular, la definición de salud mental que da la Organización Mundial de la Salud (OMS), como «no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades», sino «un estado de completo bienestar físico, mental y social».

Lo que viene a decir, que estamos casi todos enfermos porque no conozco a mucha gente que tenga un completo estado de bienestar. Y no me extraña, porque tenemos un buen cacao montado. Y no tengo ni idea de cómo vamos a salir de este atolladero. Atolladero, en el que constantemente tenemos disonancias cognitivas, que no son nada más que simples contradicciones entre nuestro sistema de valores y nuestro comportamiento. Entre los valores e ideas que nos enseñaron en la escuela y la realidad en la que nos movemos. No me extraña que  muchísima gente no quiera concienciarse cómo está viviendo. No se atreven a enfrentarse y prefieren auto-engañarse. Prefieren llenar su propio vacío con cosas materiales o aún peor con nombres importantes que ponen a lo que hacen. En la mayoría de las casos, estoy segura que la gente no tiene tanta satisfacción al comprar tantas cosas que no necesita, o cambiar de móvil sin ninguna necesidad, o la cantidad de cosas inútiles que compramos o hasta repetidas. Cubrir las necesidades dando respuestas superficiales no es una solución. Y todo por una simple palabra: Miedo. Miedo que nos han inculcado, miedo a lo desconocido, miedo al otro, al qué dirán, miedo a fracasar, miedo al dolor, miedo a sufrir, miedo a no responder a las expectativas creadas, miedo a ser inferior, miedo a no ser aceptado. Y una larga lista de miedos que tenemos todos, incluida yo. La enfermedad mental en muchos casos no es sino pobreza de espíritu o carencia afectiva. Y muchos males se arreglan con un abrazo, con un simple abrazo. ¿Te has parado a pensar ésto?

Supongo que no hace falta decir que estamos en un mundo en crisis. Y la crisis nos enferma porque la estamos gestionando mal. Porque crisis en chino se compone de dos ideogramas 危机, weiji Wēi (危) que se traduce como “peligro” y  (simplificado: 机, tradicional: 機) que, entre varias acepciones (máquina, avión, punto crucial, etc.), se puede traducir como “chance” u “oportunidad”. Y para Casaldáliga, la crisis es la fiebre del espíritu. Donde hay fiebre hay vida” (Utopía necesaria como el pan de cada día)

Dejando de lado estas reflexiones, que si bien me acompañaron durante el viaje, no fueron lo más importante. Lo que vi es cómo y qué condiciones viven algunas personas. No sólo ya tienen el estar enfermas, sino que además caen en el ostracismo, la vergüenza y rechazo de la familia. En mucho casos (aunque no todos) familias pobres que no pueden hacerse cargo, que no saben hacerse cargo.

Un documental sobre la realidad de la enfermedad mental en África es “los olvidados de los olvidados”

Crónica de un viaje a Bolivia.

Instituto Nacional de Psiquiatría Gregorio Pacheco…

El Instituto Nacional de Psiquiatría Gregorio Pacheco fue fundado en el año 1884 gracias a la donación del que fuera Excmo. Presidente de la República, Don Gregorio Pacheco, en cuyo honor el Instituto lleva su nombre. El mismo está destinado a la atención de los enfermos mentales de todo el territorio nacional.  El hospital se encuentra en la ciudad de Sucre a casi tres mil metros de altura…

 

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La entrada del hospital

Era media tarde cuando llegamos a Sucre, tras un viaje largo de más de tres días. Mi compañera Andrea y yo nos encontramos en Santa Cruz de la Sierra. Ella fue por Chile yo pasando de Sao Paulo (Brasil) a Asunción (Paraguay) y de allá a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Luego ya juntas llegamos a Sucre haciendo escala en Cochabamba. A la vuelta fui por La Paz y Lima (Perú). Como ves otra cosa no, pero turismo de aeropuerto hice mucho.

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Vuelo de Cochabamba a Sucre

En Santa Cruz nos esperaba Asunción de la asociación Nuevos Caminos y que nos acogió en su casa durante dos días. Una gran persona ella y sus dos hijos. La ciudad de Santa Cruz no tiene un plan urbanístico que digamos y, exceptuando el centro, es un auténtico caos.

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En uno de los colegios de la asociación Nuevos caminos.

Previo al viaje, la asociación Juan Ciudad, que es la ONG que gestiona el voluntariado internacional de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, nos dio una formación no sólo en cooperación internacional y desarrollo, sino también formación orientada al plano psicológico para manejar situaciones estresantes. Pero la verdad, es que si me hubiera encontrado en una situación estresante, creo que no habría recordado en ese momento absolutamente nada. Más allá que la primera semana un chico se puso a pegar patadas a una puerta sin ningún motivo, o un día que en la cocina me dieron unos plátanos (en la cocina siempre me daban plátanos como a un monillo) y un hombre empezó a perseguirme diciendo que los había robado, no tuve ningún percance. Lo que vi es que ese hospital tiene tan grandes profesionales y personas comprometidas igual que en España o en otros lugares. La única diferencia que yo vi es los recursos del país y las propias comunidades indígenas y su cultura, que algunas personas no hablaban castellano, sólo Quechua (la comunidad Quechua es la que más abunda en la zona de Chuquisaca donde se encuentra Sucre) Aunque hay gente de otras zonas ya que es el hospital más importante del país.

Lo que si que en cambio interioricé automáticamente fue el manejo de nuestras propias emociones El primer día vi lo más duro del hospital, después todo fue mucho más sencillo.

Allí algunos pacientes me llamaban doctorita y es curioso, porque después en Madrid, he estado trabajando para  la oficina de consumo del Ayuntamiento y me llamaban funcionaria. Somos muchas cosas, somos lo que los demás quieren ser que seamos o nos ven. Por eso es muy importante no tener muy cuenta la opinión del otro, ni preocuparte de lo que piensen los demás. Porque como ves, puede ser todo una ilusión del que mira…

Mi habitación, durante los primeros días, daba al patio interno y me días después no por ello sino porque, aunque parecía que estaba viviendo dentro,era muy fría.

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Las vistas que tenía en la primera habitación.

Era imposible dormir en ese somier sin terminar con dolor de espalda. Reconozco que tengo la espalda muy delicada y en el monte he aprendido que un suelo duro es mucho más sano que un colchón blando. Así que terminé por tirar el colchón a suelo, con la consiguiente anécdota que escuchaba todas las conversaciones que sucedían abajo. Mi habitación estaba justo encima de las consultas externas y si ingresaban algún paciente de madrugada, me enteraba de todo. ¿Está usted bien? ¿Me escucha? ¿Cómo se llama? Le digo que  ¿cómo se llama?

La quinta noche, el chico que hacía guardia en la entrada, nos llamó a la puerta y nos dijo que si habíamos oído algo o habíamos visto algo, porque se había escapado  un paciente y le andaban buscando. Es cierto que en alguna ocasión se escapaba algún paciente pero sé que se ,o inventó. Estábamos solas porque nuestras habitaciones estaban en la zona de administración. Por las noches lógicamente no había nadie.

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Mi somier a la izquierda y al fondo una aparición.

En Bolivia es muy típico hacer una kermesse, que no es sino una fiesta que suelen hacer las escuelas, iglesias para recaudar dinero para proyectos sociales. Curiosamente, el nombre de Kermesse o Kermés proviene  del neerlandés kerkmiskerk iglesia y mis misa, festival de iglesia. A las dos semanas de llegar , hicieron una y nos llenaron la pequeña cocina que teníamos de pollos (habría como 40 lo menos), con el consiguiente olor durante días.

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Nuestra terraza, la noche anterior preparando toda la comida.

Ese día conocí el baile típico de la región de Chuquisaca llamado Cueca Chuquisaqueña. Es un baile que tiene origen en la jota extremeña. Vamos que he tenido que ir a miles de kilómetros para terminar viendo una variante  las jotas de mi pueblo.

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Cueca Chuquisaqueña

La plaza Aniceto Arce dónde se encuentra ubicado el hospital es una plaza muy bonita pero también muy ruidosa, sobre todo de tráfico. Un domingo, que era el domingo del peatón, recuerdo que le dije a mi compañera Andrea el sábado por la tarde…” ¡qué bien mañana es el día del peatón, por fin habrá algo de silencio! Pues no… A las nueve de la mañana me despertaron unas trompetas y un tío con un micrófono diciendo… hoy es el día del peatón!!! y vamos todos a celebrarlo!!!!… o las carreras de minicar los domingos o aquella noche que tuvimos el concierto evangélico.

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Y si bien es cierto que el hospital es antiguo, la verdad es que es precioso.

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 La próxima entrada sobre Bolivia será sobre la ciudad de Sucre Patrimonio Cultural de la Humanidad… o no… quién sabe… Hasta la próxima semana 🙂

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5 pensamientos en “Un hospital en las alturas.

  1. Me has recordado mi viaje a La Paz, cuando era jovencito, llegué y justo acababan de dar un golpe de estado y andaban a tiro limpio por las calles, yo que estaba haciendo un estudio de mercado sobre el fresón en yoda América y pensaba estar un solo dia tuve que estar un semana entera sin poder salir del hotel y encima, de vez en cuando con el mal de altura…
    Luego hice otro viaje por carretera desde Caracas, pero apenas crucé la frontera y estuvimos durmiendo una noche en un hotelucho cerca del lago Titicaca que era lo que queríamos ver y nos regresamos…
    Ya sabes, recuerdos… 🙂
    Yo le tengo terror a tener una enfermedad mental, sobre todo el alemán 😦
    Besos y salud

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  2. Al final escribiste sobre Bolivia 🙂

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  3. El miedo del que hablas es la herencia judeocristiana de la culpa, sentimiento que tan arraigado llevamos, tatuado en nuestros genes desde hace siglos…
    ¡¡Bravo por contarnos tus andanzas!!

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  4. Pingback: Folklore Boliviano | En bromerio, medio en broma medio en serio

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