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Cómo abrir un blog o encontrar tu vía de escape

Cuando las personas pasamos por un mal momento necesitamos encontrar un salida. Pero, ¿cómo? Porque la teoría nos la sabemos todos muy bien. Se la contamos a los demás como auténticos sabios, hemos aprendido mucho de la vida ¿a que sí? Pero luego resulta que un día, toda nuestra sabiduría y evolución espiritual se desmorona y nos llegamos a sentir… una mierda.

Tenemos mucha suerte de haber heredado toda esa sabiduría espiritual de nuestros antepasados a lo largo de los siglos, por éso nos la sabemos también. Porque aunque la repetimos como papagayos y nos encanta inundar el facebook de un montón de frases bonitas que otros han dicho, a la hora de poner en práctica dicha sabiduría no estan fácil. Por lo menos para mí, oye.

Y a éso quiero dedicar la entrada de hoy. De cómo salir de un mal momento, o más bien, de cómo salí yo hace poco. No sé si te resultará útil, pero por lo menos, no encontrarás el típico post lleno de frases teóricas, ni de consejos, ni nada que te diga qué realmente deberías hacer. Sólo contaré lo que a mí en un momento me fue útil. Y una de las cosas que me resultó positiva fue abrir este blog. Sí, así es. El blog comenzó como una manera de superar un mal momento. Vamos imagínate, un día me sentía fatal, triste, la vida no tenía sentido… ¿qué puedo hacer con mi vida? No lo sé, pero me voy a abrir un blog. Ah ¡vale! ¡qué güay!

Noseasidiota

Esta especie de manifiesto refleja muy bien los valores y contenidos del blog. Quiero contar ésto hoy porque hace tres meses que empecé este blog. Me propuse el compromiso de escribir una vez a la semana, cosa que por ahora lo estoy cumpliendo. Me gustaría continuar con dicho compromiso hasta la próxima revisión. Por otro lado, debería de ir pensando qué puedo hacer con este blog. Qué perspectiva tiene, hacia dónde podría ir encaminado. Porque por ahora sólo fue éso, una vía de escape. Pero, en realidad, me gustaría que fuera algo más. Lo que pasa es que aún no lo tengo demasiado definido.

El blog comenzó el día de mi cumpleaños. Fue el regalo que me decidí hacer después de pasar uno de los meses más difíciles, desde el punto de vista anímico, en mucho tiempo. Aquí en Glasgow, el invierno puede resultar un poco duro. Depende de las condiciones en las que te encuentres, si te pilla un poco flojo lo puedes llegar a pasar  muy mal (bueno igual que como en todos los lados). Justo éso me decía hace unos días una chica de una ciudad cerca de Manchester. Está por aquí trabajando y que echaba de menos a su familia y amigos. Y éso que su trabajo le gusta y no ha salido del país. ¡Se quejaba del tiempo de Glasgow! Pues imagínate yo, que he vivido prácticamente toda mi vida en la ciudad en Europa que es consideraba como la que más horas de sol recibe al año.

 El mes de febrero comenzó con un trabajo que esperaba conseguir y que nunca llegaba el trabajo. Por otro lado, le dediqué especial atención y tiempo a una oferta de trabajo para una organización que me gustó mucho. El trabajo era bien sencillo, en español no tendría ningún problema. Preparé y revisé cuidadosamente el currículo y escribí un personal statement que requerían para poder optar al puesto. Sinceramente, pensé que me llamarían pero no lo hicieron. Eso sí, me respondieron al email personalmente. Si encontré un par de trabajos, uno de ellos después de entrevista, pruebas y tests que duró nada menos que cinco horas. Pero me sentía totalmente frustrada. Me di cuenta el tiempo que tendría que empeñar aquí para conseguir unos objetivos a medio plazo y luego, si los conseguía, lo lógico sería para estar aquí. Sentí que empezaba a perder el norte. En principio mi objetivo de estar en Glasgow era mejorar mi ingles (de un modo holístico me refiero). Recuerdo en Bolivia cuando pensé lo de mejorar el ingles, no me imaginaba en Glasgow. Yo quería sentirme lo suficientemente segura como para viajar a un país del tercer mundo de habla inglesa y poder tener las mismas experiencias que tengo en español pero en otro idioma. Menos mal que tenía más de 20 horas de clase a la semana, estaba metida en tres voluntariados y éso me hacía estar entretenida en un mes de febrero que no vi el sol.

A las nueves de la mañana era de noche todavía,  a las tres de la tarde empezaba a anochecer y se pasó todo el mes, literalmente, lloviendo. Sufrí en toda regla el trastorno afectivo estacional. Me empecé a encontrar muy mal. Mis dos amigas con las que más salía a desconectar regresaron en diciembre a sus respectivas ciudades. Así que, empecé el año sola. Mi padre falleció en un mes de febrero (hace unos años) y en toda esa vorágine afectiva no pude evitar replantearme toda la vida. Pero esta vez, sin excusas. Ya no había culpables a los que echarle la culpa de mi malestar. Ni Rajoy, ni la crisis, ni ninguna discusión con alguien. No podía irme un fin de semana a mi pueblo y desconectar. Estaba ahí en mi cuarto frío, que también he pasado este invierno algo de frío, con mis pensamientos y yo misma sin nadie más. Y entrando en una profunda crisis de los cuarenta sin ni siquiera tenerlos.

Hace poco colgué unas fotos en facebook sobre mi viaje en Escocia, Me hizo mucha gracia porque alguien dio a entender, sin tan siquiera apenas saber de mi en todo el año, que me estaba yendo genial por las fotos publicadas. Hombre, no me dio por hacerme una foto el día que estaba llorando a moco tendido… a ver… un poquito de por favor… ¿Qué fotos, si no, voy a poner?

No me quiero extender demasiado. Es más largo de contar todos los sentimientos y sensaciones que tuve  en la que por un momento sentí que mi vida era un fracaso absoluto. Al final, ¿Cómo salí de este embrollo?

1. Volví a leer de nuevo. Leer relaja, distrae, emociona, viajas, encuentras respuesta, te sientes identificada, disfrutas. En definitiva, leer anima mucho. Y yo había dejado bastante lectura (no es que tampoco sea una gran lectora que devora libros) porque sólo quería leer en inglés. Está bien leer en inglés,  pero en mi caso a veces es desesperante porque creo que no elijo bien los libros. Total, que al final ni leía en inglés ni español. Así que ahora que leo en español, intento leer algún blog en inglés, artículos. Pero voy a intentar en los próximos seis meses leer un libro en inglés. Ya veremos qué pasa.

2. Intenté salir a dar un paseo. Si es por la naturaleza mejor. Es verdad que aquí donde vivo no puedo quejar con el ambiente en el que estoy de naturaleza. Pero cómo casi no había luz y estaba todo el día lloviendo y además ocupara las horas de luz para otras cosas, no me era fácil encontrar un momento pero hice el esfuerzo y casi a finales de febrero, me empecé a ir a excursiones con escoceses que así podía también practicar mi inglés, buenos mi glaswegian.

 3. Comencé este blog. Me ayudó a conectar de nuevo con el exterior. También fue como respuesta a ese deseo auto frustrado por mi misma de nunca darme ese tiempo para hacer algo, que no sé si me gusta hacer o no, porque ni siquiera lo he intentado de verdad, que es escribir. He escrito muchas cosas personales a lo largo de mi vida, pero lo que me gustaría compartir no son esos escritos, sino aquellos que nunca llegué a escribir, porque siempre tenía algo mejor que hacer y siempre lo dejaba para mañana. Ese mañana que nunca existe. Y aún sigo con ese problema, sólo que al menos lo estoy haciendo visible. Todavía no he encontrado el lugar, ni he creado el hábito. Pero lo que si que tengo es una proyecto a medio largo plazo. A los proyectos hay que ponerles fecha porque si no, caducan antes ellos solos.

4. Contar con los amigos y familiares. Reconozco que no le he dado demasiada importancia a ésto, no porque no la tenga. Sino porque me he encontrado lejos y además era algo demasiado interno. Aunque no queda de más el dar las gracias a todos aquellos, que de una u otra forma,  me habéis acompañado ¡Gracias!

La mejor vía de escape es hacer algo que te guste. Dedica al menos un rato al día. 

 

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Trabajo entre los trabajos

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El trabajo del hogar -el único que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas– tiene un recorrido tan dilatado en el tiempo, que lo que aquí digamos se suma a lo dicho durante siglos”.

Trabajo entre los Trabajos es un blog que nació como fruto de la coincidencia entre dos personas. Una periodista que se dio cuenta de que el trabajo del hogar era -tanto a nivel social como individual- tan importante como los demás… y una abogado que llevaba ya una veintena de años convencida de esta idea. Actualmente, ambas tienen como profesión sacar adelante su casa.

Hará un par de meses que en bromerio topó con este blog y fue de manera casual. Me llamó la atención la manera de reivindicar (de forma aparentemente bien distinta a la mía) el lugar que le corresponde el trabajo del hogar, así como las ideas prácticas y útiles que puedes encontrar en él y la dimensión social que contiene.

Con este blog queremos reavivar un mensaje que nos parece fundamental: todos los trabajos tienen el mismo valor. No hay trabajos de categoría ‘B’. Planchar, cocinar, limpiar, fregar, coser… es tan necesario como dar clases, conducir autobuses, firmar cheques, operar, cortar el pelo… o construir catedrales. Pero no siempre los situamos en el mismo nivel. ¿Por qué? Creemos que es una cuestión de mentalidad”.

Completamente de acuerdo en que es una cuestión de mentalidad. Y ésto, me lleva al recuerdo de aquel libro que leí en la universidad y que se llama  “Ciencia y feminismo” de Sandra Harding. Fue hace más de 10 años, y tendría que leerlo de nuevo. Pero recuerdo como yo lo entendí y que es lo que quedó en mí de aquella lectura. Toda persona cuando procesa la vida a su manera, parece obvio pero es mejor dejarlo claro. En mi caso, entendí que vivimos en un mundo de perspectiva masculina, y cuando una mujer consigue entrar en esferas tradicionalmente masculinas, como puede ser el ejército o puestos de dirección en una empresa, lo que hace esa mujer, de manera individual, es tener un puesto que tradicionalmente era para un hombre. Las mujeres como individuos, de mejor o peor manera, hemos conseguido ser incluidas en el modelo masculino, pero el modelo femenino no ha sido incluido en la manera que tenemos de mirar, comprender y hacer funcionar el mundo. Las tareas del hogar compartidas no es un suficiente, sigue integrándose en el modelo masculino. Es una tarea, que desde mi opinión, tenemos pendiente. Y creo que esta observación personal tiene mucho que ver con la propia filosofía de este blog.

Por causalidades que no importan aquí y ahora, nos pusimos en contacto y terminé participando en su blog en una entrevista dando mi visión. Una visión que tiene mucho que ver con algo que llevo pensando ya unos pocos años, y que realmente no había dicho de esa manera públicamente. Algo tan simple y una idea tan clara como que yo a este mundo he venido a servir. Y tengo muy claro que no se trata de estar en contra de ello, sino que tengo que elegir a quien servir. De hecho, todos somos tan útiles que todos servimos. El servir desde el concepto de ser de valor y útil. Justo hace un par de días acabo de terminar de leer el libro “el monje que vendió su ferrari” y habla de ésto. Creo que muchos de los libros espirituales hablan de este concepto de servir, que nada tendría que ver con la servidumbre ni su visión actual del concepto.

Una de las cosas que reflexionaba es sobre el concepto de profesión, y cómo alguien que ha estudiado una carrera le supone una vergüenza decir que se dedica a limpiar (por ejemplo), aún cuando limpiando se cobre más que en otro trabajo. Vivimos en una sociedad donde el dinero es importante. En realidad no nos queda otra por ahora. Pero en esta sociedad hay algo más importante que tener dinero: aparentar que lo tienes. Y es ahí donde juegan las jerarquías de las profesiones y la perspectiva masculina a la que me refería anteriormente.

La educación en el mundo occidental de hoy se puede dividir en dos funciones sociales: la formación y la instrucción. La primera, se refiere a la educación como persona y los valores de la sociedad y cultura en la que vives. La instrucción está orientada a cómo te vas a insertar en esa sociedad para contribuir a ella y, en este sentido, en la sociedad capitalista que vivimos. Entonces, si la educación la podemos dividir a grandes rasgos en estas dos funciones, ¿por qué sólo nos fijamos en una? Es mucho más lleno la formación como persona. Es mucho más gratificante para uno mismo. Simplemente se puede estudiar una carrera para formarte como persona no para desempeñar una profesión. ¡Vaya! tengo la sensación de estar diciendo algo que en nuestra sociedad ni se contempla.

Y diría más, con esa actitud hacia la formación, tu mente se vuelve más flexible y es más probable que consigas tus objetivos. Porque si llegas a un grado de flexibilidad suficiente,  tus objetivos también se vuelven más flexibles. Si estás pasando un mal momento con el tema de profesión, estudios y esas cosas, quizás mis palabras no te ayuden demasiado, pero quizás puedan ser una rendija por la que entre aire fresco. ¿Quién sabe?

En líneas generales esta es mi visión complementaria de lo que me ha aportado este blog en el que en el mismo se puede leer:

“Sin ánimo de pasar a la historia, pero con la intención de cambiar en ella lo que haga falta, para conseguir concienciar de la importancia de los trabajos del hogar, desde este blog aplaudimos que no se asocie el valor de cada profesión a la mayor o menor dificultad que conlleve su realización”.

En él, encontrarás no sólo reflexiones de otras personas y reivindicaciones sino también consejos de utilidad.

Por terminar la entrada de esta semana, mi reivindicación desde en bromerio es que el problema de muchos de estos trabajos que tienen que ver con el hogar, la limpieza, etc, no es el trabajo en sí lo que denigra, sino sus condiciones tan pobres y nefastas que se pueden llegar a dar (dadas por aquella jerarquía de la que hablaba) Y es en ese punto en el que deberíamos poner todo nuestro esfuerzo.

Buena mitad de semana.


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Cómo dejar de procrastinar

Pues éso me gustaría saber a mí, cómo dejar de procrastinar.  Una pregunta que no estoy muy segura que sea yo la que vaya a dar la respuesta. Más que nada, la lanzo aquí al aire por si un alma caritativa tiene la bondad de contestarla.

El cielo está procrastinado, ¿quién lo desemprocrastinará? El desemprocrastinador que lo desemprocrastine, buen desemprocrastinador será… 

paranoia

eih?

Así estoy yo como el cielo.No sabía muy bien si usar la m o n antes de las “P” y me he tirado un buen rato procrastinando, tanto que ahora apenas tengo tiempo para escribir lo que me queda.

Para los que nos encanta postergar las tareas. Es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

Y es que, en realidad, yo quería comentar sobre mi procrastinación a la hora de escribir, que la llevo postergando años. Sí, años. Pero me he dado cuenta que no sólo es escribir, es que también lo hago con algunas cosas más en mi vida diaria. Lo hago en algunas ocasiones, cuando tengo que ir a algún especialista, cuando tengo que hacer trámites burocráticos. Reconozco que no siempre me pasa porque si no sería todo un desastre. Pero… sí, en ocasiones veo procrastinaciones.

Sobre el tema de escribir, es que ya el síndrome es crónico… porque años y años, que siempre lo dejo para mañana y el mañana todos sabemos que nunca existe. Desde que he abierto este blog, he conseguido al menos escribir una vez a la semana. Pero…a veces como hoy pues no me apetece… Entonces, si no me apetece ¿por qué lo hago?. Porque cuando consigo ponerme, sí lo disfruto. Lo que me cuesta horrores es sentarme y ponerme.

happy-dog

¿ponerte? ¿de qué?

 

Y es que tengo en mente dos pequeños proyectos, pero los tengo en mente porque cada vez que intento ponerme a ello me pasa algo como así…

 

Y es que alguien seguro pensará que tampoco tiene importancia, porque al fin y al cabo es un hobby. Pero sí tiene importancia, porque me frustra muchísimo que siempre que me voy a la cama a dormir, me vienen todas esas frases e ideas tan elocuentes. Pero en cambio, cuando me siento con el ordenador… oye, que en ese momento, me parece interesantísimo lo que “echan por el facebook”. Igual la idea es apagar las pantallas y volver a la antigua usanza: boli y papel. No sé, pero ésto tiene que cambiar .

Dicen que para que una actividad se convierta en hábito sólo necesitas 21 días. Lo que pasa es que yo todos los días no me puedo poner a escribir, bueno, intentar escribir a la misma hora. No sé cómo y cuándo encontrar mi espacio. Sé que somos muchos. Por éso, estoy por crear un grupo de ayuda mutua…

Esta semana creo que va a ser la entrada más corta de todas, ya que he gastado todo el tiempo que tenía mirando como cosas como estás y por supuesto… procrastinando….

Brasil y su mundial… para terminar de procrastinar

Y terminando ya de procrastinar del todo, os dejo un documental sobre el próximo mundial de Brasil. Que está a punto de comenzar, si no lo ha hecho ya. Porque la verdad, no le estoy prestando ninguna atención. No puede ser lo que está ocurriendo en Brasil a causa del mismo, y tampoco estoy de acuerdo que los jugadores de la selección española vayan a cobrar un 20% más que en el anterior mundial en el caso que ganaran. Porque en España, hay muchas familias que se han empobrecido. Quizás, tú me dirás, bueno es un cosa privada que nada tiene que ver con el Estado. Bueno bien, para empezar es la selección de un país que representa a dicho estado y nación. Por otro lado, el tema del fútbol en España es peliagudo. Esos clubes de fútbol privados tienen deudas de millones con esos bancos y, más bien, cajas que, a su vez, hemos rescatado con nuestro dinero (en vez buscar a los responsables y su gestión), y que, a su vez de nuevo,  hemos pedido prestado a Europa y,  que a su vez otra vez, se cambió hace poco el art.135 de la constitución para decir que será prioritario el pago de esa deuda y sus intereses antes que la salud y la comida de sus ciudadanos.

Si lo quieres ver lo ves,  y si no, no pasa ná. Pero no vas a encontrar ningún argumento basado en los principios y valores tan bonitos,  que desde la teoría,  te enseñaron en la escuela para poder responderme….

Y tú, ¿qué haces contra la procrastinación? Porque yo, como ves, por ahora no mucho…