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Nos vemos a la vuelta

El arbol de piedra en el desierto de Siloli, Bolivia

El arbol de piedra en el desierto de Siloli, Bolivia

No, no me voy de viaje, por el momento. Siempre que escribo una entrada sé el título de antemano. De hecho, es el título el que me lleva a escribir sobre una cosa u otra. Esta vez va a ser diferente,  sacaré el título después que haya escrito la entrada. Tengo que contarte que voy a estar entre 3 o 4 semanas sin actualizar el blog.

Cuando abrí el blog me propuse a a escribir en él una vez por semana. Este verano estuve tres semanas fuera y lo paré, ahora de nuevo vuelve a ocurrir. ¿Qué pasa, no soy capaz de cumplir mis palabras?, ¿cómo me voy a comprometer con los demás si ni siquiera soy capaz de comprometerme conmigo misma? ¿Es tan importante el blog para mí? Visto así, suena fatal y seguramente si nos tomamos muy en serio las respuestas en negativo a estas preguntas no nos hará ningún bien. Las preguntas nunca son estáticas, como tampoco lo es la vida. Una misma pregunta según el momento y la situación, pesar de ser el mismo compromiso la respuesta puede ser diferente. Lo que quiero decir con ésto, es que debemos de revisar nuestros compromisos. Quizás el blog sólo me sirva de ejemplo para otros asuntos de mayor consideración. Debemos revisar nuestro compromiso con nuestra pareja, si seguimos sintiendo lo mismo, si tenemos las mismas expectativas, si han cambiado nuestras prioridades. Si lo hiciéramos cada cierto tiempo seguro habría menos rupturas entre personas que se quieren. Ésto también vale para con los amigos, que aunque las relaciones son más abiertas no tienen por qué ser menos intensas. Pero de este tema, el de la amistad, escribiré otro día. Revisar nuestro compromiso con nuestro trabajo, nuestro compromiso con nuestro estilo de vida, nuestro compromiso con las organizaciones con las que podamos estar colaborando. En definitiva, debemos revisar nuestra vida porque somos seres en movimiento.

En ésto de los compromisos, yo he empezado por el blog para no meterme en camisa de once varas. Mi compromiso sigue siendo el mismo que el del primer día. En este caso, por la cual lo voy a dejar unas semanas, la razón es ajena a mí y que no tiene que ver con el blog pero afecta al mismo. Mañana jueves operan a mi madre y no sé cómo va a salir, no sé qué va a pasar después y, sinceramente, no quiero estar pendiente del blog.

Por otro lado, tengo desde hace un par de meses un proyecto en mente de abrir otro blog con una temática más específica. No sé si podría actuliazar los dos con las misma asiduidad. Por ahora  tendré que revisar la periocidad de éste y pensar en  el otro. El otro blog estará relacionado con un máster que estoy haciendo. Pero éso también lo dejo para otro día… mientras ando buscando trabajo. Si sabes algo de ésto último, ya sabes dame un toque.

Siguiendo el hilo de hoy, además de los compromisos, que está bien revisarlos, hay que dejarse equivocar. Nos equivocamos muchas veces por evitar equivocarnos. No llegamos a nuestras propuestas por diferentes factores. No pasa nada por ello. Es parte de la vida misma, como también los es fracasar. Fracasar no es malo,quedarte con el fracaso como eje principal de tu vida sí. No es bueno ir de fracaso en fracaso y, sobre todo, lo que es malo es que este mundo está pensando de tal manera que lo más probable es que fracases. Siento decirlo de esta manera, pero así es tal como lo veo. La mejor manera de no fracasar es no tomarte los errores como un fracaso sino como un aprendizaje hacia el éxito. Sobre todo, revisar el concepto de éxito. ¿Qué es el éxito?, ¿no será felicidad lo que buscamos? Y si no es por felicidad ¿por qué busca la gente éxito? Enfócalo como quieras pero donde la gente pone éxito lo que quiere decir es felicidad.

Este blog cuando lo abrí supuso el principio de algo, de algo que está por llegar, me guardo información por ahora, que espero pronto sepas.

Te recomiendo leer: Perserverar o abandonar y Somos lo que somos.

Espero te sirva de algo esta breve y sencilla reflexión. Quédate con lo que más te guste y si lo desarrollas cuéntamelo. Oye, que nos vemos a la vuelta.

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Baraka y Samsara, una de documentales

Esta semana es de poco leer y mucho ver pero seguro te hará pensar.

Hace tiempo vi el documental de Baraka. La palabra Baraka es una palabra árabe que significa bendición. La película documental es del director Ron Fricke y es totalmente visual y musical y narra la historia de la humanidad y la relación (desigual) que hemos tenido con nuestro planeta Tierra.

Samsara es la última película de Fricke y en esta ocasión el tema es la relación del ser humano con la eternidad.

Posiblemente son dos de los documentales más impresionantes que he visto jamás. La pena es no haberlo hecho en una gran pantalla. Os dejo el enlace de la web oficial y los dos trailers. De veras, si no has visto estos documentales ve el trailer porque te va a impresionar….

La web oficial es http://www.barakasamsara.com/


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El voto femenino en España

clara-campoamor11Dos mujeres habían sido elegidas como diputadas al comenzar la II República: Clara Campoamor (por el partido conservador Radical de Lerroux) y Victoria Kent (por el Partido Republicano Radical Socialista).  Las mujeres podían ser elegidas pero no ser electoras. La izquierda no quería que las mujeres votaran porque creían que estaban muy influidas por la iglesia y que votarían a la derecha. Por éso Victoria Kent era reacia a otorgar el voto a las mujeres y proponía posponerlo para más adelante. Hubo un debate por varios meses que finalizo el 1 de octubre con una intensa dialéctica entre ambas mujeres y que, finalmente el 1 de octubre de 1931 se aprobó en las cortes el artículo que reconocía el derecho a voto de las mujeres.

Os dejo directamente el discurso de Clara Campoamor de ese día porque merece la pena leerlo:

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.