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Sin hogar en Glasgow, cosas que no conté…

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16 febrero 2014 Loch Katrine

Un día como hoy, hace 13 años, falleció mi padre. El año pasado era domingo y estaba en Escocia. 2014 ha sido el año que más me ha afectado el día de su defunción.  Recuerdo que era el primer día que, desde que había regresado a Glasgow a primeros de año, salía fuera de la ciudad. Para ser Escocia hizo un espléndido tiempo y aproveché con unos amigos para subir a un pequeño pico desde el cual se veía el lago Katrine Eso sí a las cuatro de la tarde ya era de noche.

El mes de febrero fue un mes difícil para mí porque nada salía como yo esperaba y el tiempo fue el detonante. Dicen, cuentan que no se sabe valorar algo hasta que no se pierde. ¡Qué razón! Ahora, si ese algo que perdiste lo vuelves a recuperar lo disfrutas para siempre. Ahora para mí el sol es valioso, increíblemente valioso. En Glasgow creo que llegué a coger una depresión y no me extraña, porque lloviendo todos los días (me contaron que fue el invierno más lluvioso de la última década)y a las cinco de la tarde era noche profunda como si fueran las 3 de la mañana era muy deprimente. Algún día contaré la pesadilla que tuve una noche de febrero. Glasgow, con todos mis respetos, es una ciudad fea y gris con gente también fea y gris. Es duro lo que digo. Sé que hay gente que no lo ve así, pero también sé que hay gente que piensa lo mismo que yo. Es una ciudad hostil, a pesar que en el fondo la gente es cálida, amigable (friendly como ellos dicen) lo que les pasa es que están de la olla.  Y luego están las gaviotas, esas malditas ratas con alas. No sabía que esos animales eran tan asquerosos. En el mar y volando están bonicos pero no en verano en la parte de detrás donde estaban los cubos de basura. Aquello parecía un estercolero porque las gaviotas rompían todas las bolsas, abrían los cubos, eran más malas que los pájaros de la película de Hitchcock. Luego, los portales estaban muy, muy sucios, descuidados, llenos de basura, colillas. Nadie los limpiaba. Bueno hablo de mi barrio porque en otras zonas me consta que no era así. Una ciudad deprimida que, aunque mucho ha mejorado, ha pasado unas crisis económicas que aún se nota en sus habitantes. Hay mucho problema de alcoholismo. Antes de ir a Glasgow pensaba que en el pueblo de mis abuelos la gente bebe mucho. Visto lo visto, en comparación con esta gente son unos aprendices. La gente andando de un lado a otro en la calle, cayéndose sin ser capaz de abrir el portal.

Me pasé un año entero yendo a un centro de día para personas sin hogar. La mitad del año estuve fregando platos y la otra mitad encargada de la organización de las donaciones que llegaban (que no eran pocas). Comí la misma comida que comían ellos. Y aunque no estaba mala, no era nada saludable. También estuve participando en un centro para mujeres. La mayoría percibían benefits e iban a allí a fumar, desayunar 5000 calorías, compraban chorradas que vendía una ella a través de un catálogo que traía una de ellas. Un catálogo de esos de negocios piramidales o algo así. Todas las jóvenes de mi barrio con sus leggins y su pelo a lo Amy Winehouse, algunas sin dientes con 20 años y recibiendo benefits de por vida. Nunca he visto tanta gente macarra junta. Además me apunté a unas clases de inglés, antes de saber que me habían dado el curso en College, que en realidad eran de apoyo para gente con problemas y analfabeta. La verdad es que era todo muy subrealista. Así que las academias estarían llenas de españoles, que lo estaban, pero yo no me encontré a ninguno en estos sitios donde estuve. Ni en el curso de inglés, que aunque en el College también había españoles, en mi clase casi todos eran refugiados de Irak, Irán, Afghanistan, Eritrea, Sudán, Siria… Es lo que tiene no ir a academias de pago. Después de un año pienso que en mi inglés es malísimo, sobre todo el hablar, pero me doy cuenta que no lo es tanto, porque cuando escucho el inglés entiendo lo que están diciendo, las palabras, lo que hablan, el contexto. Ahora que nunca aprendí glaswegian.

Todo no fue así en algunas entradas anteriores ya os contado algunas cosas. Ya otro día contaré otras más divertidas. Pero puedo segurar que conocí el Glasgow más profundo.

Es que recuerdo hoy, justo hace un año cuando estuve allí que el mes de febrero fue de las peores semanas en años. Luego, curiosamente, cuando los días se empezaron a alargar y el sol se dejaba ver tímidamente empecé a recuperar el humor. Entonces es cuando me di cuenta que debía salir de ahí.

Si no te apetece ver el documental entero (está en inglés) ve al menos 3 minutos, sumérgete y viaja a ese lugar que es tremendo, el de las personas sin hogar. No hace falta saber inglés para que sientas lo que transmite. Por cierto, no os dejéis engañar por el documental, he visto más sol en él que los trece meses que estuve en Glasgow.

Aprendí que el hecho de elegir, el tener la libertad de elegir, es un derecho de privilegiados. No olvides disfrutarlo

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