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No me importa tu opinión

Pues sí, me importa bien poco lo que opines. Estoy hartita de algunos comentarios como…”cuidado que éstos son peligrosos y pueden traer una revolución bolivariana”… o… “a mí  es que no me gusta ni el machismo ni el feminismo”… “la derecha bla bla bla y la izquierda blo blo blo… o… Y digo yo, ¿es que acaso opinamos con esa facilidad sobre procesos estocásticos, sobre modelos geocéntricos o heliocéntricos del Universo? O más interesante aún, ¿qué técnicas aplicadas a la conservación- restauración del patrimonio metálico son más adecuadas? ¿Verdad que no?

Te noto un poquito agresiva…

Pues no, en realidad no estoy cabreada. Era para llamar un poco la atención, que últimamente estáis algo dormidos. Pero sí me apetece contaros cómo me siento últimamente cuando la gente se pone a opinar sobre política y “esas cosas”. Y es que por supuesto que todo el mundo tiene derecho a opinar. Sobre todo, si son cosas que conciernen a la vida de las personas, faltaría más. Pero lo que no me gusta es que la gente opine por opinar. Vivimos en un mundo muy defectuoso, y entre esas defectuosidades están las malas informaciones, que en muchas ocasiones vienen provocadas adrede, ya que algunas personas pueden sacar beneficio de ello.

Pero para explicar lo que trato de decir hoy, me voy a basar en un libro que leí cuando estudiaba C.O.U.

Ideas y creencias de Ortega y Gasset.

Ortega y Gasset diferenciaba entre  las ideas y  las creencias. Ambas pertenecen al ámbito cognitivo.

Las ideas son ocurrencias que tenemos, sean de la de la índole que sean. Esas ideas pueden ser científicas, como inventar algo, montar un nuevo negocio, crear un blog, etc. Ideas que producimos nosotros, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, las defendemos, incluso en algunos casos hasta la muerte. Esas ideas son obras nuestras.

Las creencias en cambio son otra cosa. Las creencias no tienen que ser sólo religiosas. No llegamos a ellas desde el razonamiento y la argumentación, desde el ámbito intelectual, si no que nos vienen dadas por herencia cultural, por educación. Está directamente relacionado con el post que escribí somos lo que somos, que hablaba de cómo estamos programados.

Las creencias no siempre se dicen abiertamente pero están arraigadas profundamente en nuestras opiniones. Son los supuestos básicos de nuestra concepción del mundo  y nuestro comportamiento.

“Vivimos, nos movemos y somos” en nuestras creencias

“Las ideas se tienen, en las creencias se vive”. 

Curiosamente para la Real Academia española,  una opinión es un dictamen o juicio y si buscas la definición de juicio, en su primera acepción es la capacidad de discernir entre lo verdadero o falso. Por lo tanto, relacionamos nuestras opiniones con verdades. 

Con las creencias en las que vivimos creemos estar en la verdad. Y la verdad es como una naranja, que nunca eres capaz de ver todos sus lados. Haz la prueba…

Porque digo yo, ¿qué es un régimen bolivariano? ¿Cómo se puede hacer afirmaciones contudentes sobre el feminismo sin haberse leído un sólo libro sobre teoría feminista o conocer su historia? ¿Cuando opinamos lo hacemos sobre una idea fundamentada en la argumentación y conocimiento o quizás, no será una creencia?

Por eso, muchas veces no me importa lo que piensas, me importa cómo has llegado a pensar así. Sobre todo, porque si no pensamos igual podrías hacerme cambiar de idea y por lo tanto no sería una creencia inamovible.

Me imagino que todos los españoles queremos vivir en una España que esté bien, que se arreglen todos los problemas que tenemos. Quizás una de las cosas por las que hay que empezar es por la humildad de reconocer que nuestra opinión es sólo eso, una opinión. Y para ello, tenemos que quitarnos todas esas creencias que llama Gasset (y que yo llamaría fundamentalismos) para poder empezar a construir algo en positivo.

En realidad sí me importa lo que opines, sobre todo en este blog. Llegan muchos visitantes pero últimamente muy pocos comentarios… lectores reflexivos… tímidos…

Bueno que… ¿me vas a dar tu opinión?

Prometo leerme este post de vez en cuando para aplicármelo a mi misma. Aunque a veces en algunas cuestiones ya es que entre tantas ideas y creencias me hallo en un “mar de dudas” a la deriva…

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Destino horizonte

Hace tiempo decidí emprender un viaje que aún sigo estimando esencial. Ese viaje, al que llamo destino horizonte, es aquel que permite al ser humano avanzar. Dicen que la utopía es un destino inalcanzable. Por su propia definición posiblemente, pero entre utopía y utopía puedes crear diferentes realidades, diversas existencias, enfoques variados que muchos de ellos pueden acercarnos a otros mundos posibles.
Observo el horizonte allá a lo lejos. Me detengo a examinar aquello que la óptica me permite. Entre él y donde yo me encuentro existen otros espacios. Si quiero alcanzarlo he de acercarme primero a esos puntos visibles. Veo una tranquila montaña que parece no moverse. Pero no te dejes engañar, se mueve. El polvo y la arena cambian de lugar, las piedras se desprenden, se esfuman y con el tiempo desaparecen. La deformación de la tierra fueron su nacimiento, ahora la erosión su muerte. Lo inmutable en un mundo cambiante es la ley que nos rodea. Mientras camino para llegar, sigo viéndolo, allí a lo lejos, en el mismo lugar. Desde la montaña veo a lo lejos un inmenso mar, detrás de él un nuevo el confín allí está.
Ahora, el agua moja mis pies. El silencio es roto por las olas que a su paso arrastran aquellos recuerdos que pueden, los que no permanecen y algunos intentan aferrarse mientras otros desean escaparse.
Créeme que ya me di cuenta, no subestimes mis pretensiones. No conseguiré alcanzar el horizonte, pero su punto de mira, durante este tiempo, me ha llevado a otros lugares. Ahora, continuaré mi camino, seguiré mi destino, ese destino llamado horizonte.
 ” La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos el horizonte se aleja diez más. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? La utopía sirve para caminar.” Eduardo Galeano
“Caminante no hay camino se hace camino al andar” Antonio Machado

Ayer estuve en las gargantas de la cara sur de Gredos… Un consejo para este verano… usa protector solar…


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Somos lo que somos

La semana pasada andaba buscando música de una rapera venezolana (me encanta el rap y más si es femenino), cuando encontré un vídeo de una colaboración suya con Jarabe de Palo. Un vídeo que me ha inspirado la entrada de esta semana. Os cuento que, un poco después de empezar el blog, por el mes de abril,  comenzaba a leer a Anthony de Mello a través del libro “Ligero de equipaje: Tony de Mello, un profeta para nuestro tiempo” escrito por Carlos García Vallés. Ambos Jesuitas y amigos. El libro me lo recomendó una buena amiga. Me enganchó tanto, en ese momento, que me  lo leí en una sola tarde. Un libro que recogía la experiencia de Carlos, en la participación, en un curso espiritual de Anthony de Mello. Ambos se conocieron en la India, porque Carlos viajó hasta allí (para ser misionero) y Anthony era de allá. Pero ésto no es importante. Lo que sí tiene importancia, es que sus escritos y enseñanzas mezclaban la cultura judeocristiana con otras religiones orientales. Después de leer ligero de equipaje, me animé a ver su famosa conferencia “Redescubriendo la vida” y después me leí “Autoliberación interior”.

Lo que dice ese libro y lo que dice la canción (está el vídeo al final del post) es muy parecido, si no igual, especialmente en un capítulo del libro que habla de cómo estamos programados.

En él,  afirma que “estamos programados desde niños por las conveniencias sociales, por una mal llamada educación y por lo cultural”. A esta alturas de la vida, yo creo que la mayoría de nosotros más o menos tenemos claro este tipo de afirmaciones, ¿verdad?. Que estamos condicionados, que no somos seres libres. Por desgracia no tenemos sólo una condición sino muchas. En el post que escribía hace un par de semanas “trabajo entre los trabajos”, de alguna forma, también hacía referencia a ésto desde una perspectiva concreta.

Yo estudié hasta los trece años en un colegio de monjas, en el que me fue realmente mal. Suspendía casi siempre un montón de asignaturas. Y recuerdo, que fui la primera de mi clase que fue expulsada por una monja. Estaba en tercero de E.G.B. Lo recuerdo perfectamente.  Me sentí excluida, rechazada. Fue tal, que entré y pedí perdón casi llorando. Después de esa primera vez, vinieron un montón más. Me fui acostumbrando a ello, y terminó siendo algo que lo vivía con normalidad y por supuesto me dejó de afectar. Me fue tan mal porque querían alienarme, querían coartar mi libertad, suprimir mi creatividad y por supuesto censurar mi subversión. Iba a un colegio de monjas, un colegio donde el principal personaje era un tal Jesús. Él se saltaba todas las normas habidas y por haber. Cuestionaba el sistema continuamente. Yo lo único que estaba haciendo era seguirle. Porque después de todo, creo que se puede apreciar que el problema no era de conducta problemática, ni de incapacidad de ningún tipo. ¿Al final lo consiguieron? Pues un poco sí que consiguieron anularme, pero con los años volví a recuperar esa naturalidad de mi estado y de mi existencia. ¿Cuántas personas anuladas estarán viviendo ahora mismo en este mundo?

Me encanta la reflexión que hace  en su web  un profesor de filosofía y también escritor y crítico literario llamado Rafael Narbona. “La escuela tradicional desdeña la sensibilidad y la creatividad. Su punto de partida es el pesimismo antropológico: el ser humano es malo por naturaleza y sólo la autoridad, la disciplina y la obediencia pueden erradicar su perversidad”

Como dice la canción de Jarabe de Palo y compañía “somos lo que somos, no lo que queremos, patrones.. humanos imperfectos, somos raza, cultura, humanidad. Somos lo que somos”.

La educación, en este sentido que acabo de hablar, es un ejemplo porque otro es la programación cultural. “La patria es un producto de la política y la cultura la manera de adoctrinar” (Autoliberación interior, Anthony de Mello) Cuando uno se siente patriota, nacionalista del tipo que sea, está siguiendo una programación. Los seres humanos estamos por encima de cualquier tipo de frontera. ¿Tú cuando eras un bebe sentías que eras patriótico? No ¿verdad? Éso lo aprendiste según fuiste creciendo. Y, dependiendo del ambiente, puedes ser más o menos patriótico. Muchas veces seguimos las pautas de nuestros padres o nos rebelamos a ella. Depende de nuestra percepción y experiencia. Pero seguimos programados porque es algo intergeneracional. Desprenderte de tu programación no es tarea fácil.  No existen las fronteras, la raza, la clase, el color en nuestro ser en estado natural. Son etiquetas, mecanismos de poder para controlar a las personas, para controlarnos a nosotros mismos, para confundirnos y confundir a los demás. Desprogramarte es algo que veo casi imposible que pueda ocurrir desde el mundo occidental, pero sí que creo que se puede minimizar.

“Sólo lo que nace y se decide desde dentro es auténtico y te hace libre. Lo que haces como hábito y que no puedes dejar de hacer porque te domina, te hace dependiente, esclavo de lo que crees, porque te lo ha programado”. (Autoliberación interior, Anthony de Mello)

Somos tierra, somos paz, somos fuego, destino y verdad. Somos sangre, hermanos, amigos y en el tiempo andamos perdidos. A pesar de nuestros defectos, algunas virtudes tenemos. Somos ángeles, somos buenos, 

so, so, so, ¡somos lo que somos! 

Como ves, esta semana tienes un montón de información sobre libros, un blog, una conferencia, música, todo para pasar lo que queda de semana de manera entretenida. Ojalá te sirva como me ha servido a mí. Abrazos.